Tú y yo, ¿Qué somos?


Foto de Karen Warfel, Pixabay

Quién no haya hecho esa pregunta o quién no lo haya escuchado, qué levante la mano…

La primera vez que me hicieron esa pregunta, tenía unos 20 años. Había conocido a un chico por Internet. Habíamos chateado un poco, y habíamos quedado para tomar un café. Era majo, pero tampoco hubo mucha magia, me aburrí bastante. Me acompañó a casa en coche (estaba muy confiada) y cuando ya habíamos llegado a mi casa, con ganas de largarme, abro la puerta rápido, ya estaba con un pie fuera, cuando me hizo la pregunta fatídica: “Tú y yo, ¿qué somos?” A la hora y media de conocernos.

Años después me sigue rondando esa pregunta. ¿Hay un momento adecuado para hacerse esa pregunta? ¿Es mejor hacerla rápido para no perder más tiempo? ¿Es mejor no hacerse ninguna pregunta y ver lo que pueda surgir de una relación?

Con la era de Internet y las apps para ligar, los usuarios van más al grano, cada persona sabe cuales son sus necesidades y expectativas. A veces, tanto pragmatismo rompe la magia, si es que una App pueda tener algo de magia.

Foto de stocksnap, Pixabay

Se habla de las relaciones líquidas, en las que no nos queremos comprometer, no queremos involucrarnos. Igual que no quiero permanencia para mi contrato de Internet o de móvil, pido lo mismo con las relaciones sentimentales. Coral Herrera, en su libro “Las mujeres que ya no sufren por amor” nos habla de los estragos que ha hecho el amor romántico en las mujeres. Nos habla de un estereotipo de hombre que empieza todas sus relaciones sentimentales con un “Nena, no te enamores de mi“, es su escudo de protección ante el amor, porque ha sufrido con otra relación y ya no quiere sufrir más. Nosotras, como buenas yonkis del amor romántico, pensamos que con todo nuestro amor incondicional y nuestra paciencia, le vamos a hacer cambiar de idea y se va a enamorar locamente de nosotras, igual que el príncipe en los cuentos siempre se enamora de la princesa, pero no es así.

Por una parte, es saludable, que cuando dos seres humanos deciden empezar una relación sentimental, que cada uno se de tiempo para sentir, experimentar y tomarse su tiempo, por que una vez que nos hemos enamorado, ya no podemos pensar de manera racional y pausada.

Foto de Aliceabc0, Pixabay

Cuando esa relación se consolida, cuando te ves más de una vez a la semana, cuando te vas de viaje juntos, cuando te llamas o escribes casi a diario y estás a gusto con esa persona, te planteas a ti misma, ¿Es una relación de pareja o de amistad con derecho a roce, sin compromisos?

La falta de definición de la relación produce una falsa sensación de seguridad “yo, no estoy enamorada de este tío”, disfrutas del momento presente, eso sí, por qué poco futuro te promete.

Cuando no se define una relación, cuando las dos personas involucradas no se comunican expresando sus necesidades, sus anhelos y sus sueños, se queda una relación superficial sin profundidad. Es muy importante analizar lo que a ti te hace bien. Si estás a gusto con la situación sin definición, sin etiquetas, perfecto. Pero, si te sientes incómoda, si en momentos de inseguridad personal, te agobias y te gustaría definir lo que sientes con la otra persona. Es el momento de parar. Parar para observarte, sentir lo que quieres, que te hace bien y qué te hace daño. Aprender a quererte bien como repite incansablemente Coral Herrera.

Por supuesto, mientras dura la magia del momento y a los dos nos apetece vernos con una intensidad/frecuencia recíproca. Todo bien. El problema surge, cuando uno de los dos empieza a distanciarse, dejando a la otra persona más desconcertada y sin poder pedir explicación.

Foto de Kirkandmimi, Pixabay

Roy Galan nos habla en un artículo maravilloso, de qué “Tú eres una prioridad”, no puedes dejar que una persona no te haga caso cuando tú estás más pendiente, no puedes estar mendigando migajas de amor. Te mereces algo mucho mejor y mucho más grande.

Podemos dejar de poner etiquetas en las relaciones amorosas, pero no podremos dejar de sentir emociones asociadas o no a esas etiquetas. La emoción que aflora cuando lloro, no sabe de etiqueta, se abre el corazón y sale, que hayas etiquetado tu relación o no. Somos seres humanos, y por muy simple o superficial que sea, llega un momento, que sentimos algo más o nos dejamos sumergir por algo inesperado.

Cuando una relación líquida termina, ¿Cómo haces el duelo? A lo mejor te sientes rara, triste, llorona, pero sientes que no te puedes permitir esas emociones. Son las emociones que reservamos para las rupturas amorosas, no para los “rollos”. Entonces, ¿Cómo me puedo hacer cargo de la batería de emociones que van aflorando? Lo primero, es reconocer lo que sientes, reconocer que sí, te has pillado por esa persona, que si la echas de menos, que si te hubiera gustado hablar las cosas, definir lo que era, como te ha hecho sentir. Una vez que hayas reconocido este dolor que ha ido aflorando, le has dado su espacio, lo has dejado salir y lo has legitimado. Tú tienes derecho a sentir dolor si una persona que ha estado muy presente en tu vida, con la que has compartido tu cama, tu energía y tu amor, de repente, ya no está tan presente, se distancia o simplemente te hace un “ghosting” (o sea que desaparece sin dar noticias).

Permitirte hacer ese duelo es fundamental para pasar página con esa relación y estar alerta para la siguiente. ¿Cuáles van a ser tus señales de alarma en un caso de relación líquida? ¿Qué mecanismos vas a poner en marcha? ¿Cuando tiempo vas a tardar en darte cuenta de lo que está pasando? Seguramente, con el paso del tiempo y las experiencias, lo irás detectando cada vez más rápido. Y si a ti te gusta la claridad y una buena comunicación, y la persona que tienes enfrente, no te lo puede ofrecer, mejor hacer una retirada digna que buscarle excusas y justificaciones.

Tú eres una prioridad.


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